Regresamos al blog para compartir una noticia muy especial. El pasado martes 27 de noviembre tuve el honor de recoger el primer premio Crea Sevilla en la Sala Antiquarium. Este premio me ha sido concedido en la modalidad de literatura por mi poemario breve “La memoria del hombre-niño”, que confío en que no sea más que el comienzo de un bonito proyecto que me lleve a conversar con esa parte de la infancia que aún llevamos dentro. Y con ese futuro incierto que a todos parece aguardarnos. Parte del poemario, junto a las demás obras premiadas y finalistas de las demás modalidades (artes plásticas, grafitti, moda, cortometraje…), se encuentra expuesto en la mencionada sala y se puede visitar de forma gratuita hasta el día 9 de diciembre.

Os dejamos ya con la lectura de la “La memoria del hombre-niño”. Feliz domingo.

 

LA MEMORIA DEL HOMBRE-NIÑO

 

I

Se prepara el niño para la vida

sin saber qué es la vida,

se prepara el niño para ser hombre

sin saber qué es un hombre,

se prepara el niño para la victoria

sin conocer la palabra

derrota.

 

Y los lobos, hambrientos y acechantes,

aguardan a que el tiempo

les entregue su presa.

 

Y en lo más profundo de la noche

llora el hombre,

              y llora el niño.

 

II

 

Volver a ser por un instante

aquel niño que juega

y contemplar la inmensidad

del mundo

como un regalo que se nos entrega

para que lo convirtamos en nuestro.

Y luego, como a todo lo que amamos,

lo dejemos marchar.

 

III

 

En la memoria del niño resuena

el eco de palabras pronunciadas

en otra lengua.

 

Ciudad que permanece imperturbable

bajo la sempiterna

amenaza del cielo.

 

Allí, mi infancia.

 

No es el olvido una amenaza

en el lugar donde aún no habita

la memoria.

 

Todo estaba aún por crear.

 

Incluso el miedo.

 

IV

Anidan en mi pecho

pájaros muertos

que le cantan baladas póstumas

al niño que, a veces,

reaparece en los espejos.

 

V

Pensaba el niño que el hombre

había nacido hombre.

 

Jamás pensó el niño

que la infancia tuviera fin.

 

Duro golpe el de la consciencia.

 

El de saberse,

el de saberse mortal.

 

¿Cuándo dejó el niño

de ser niño?

 

¿Cuándo llegará el hombre

a hacerse hombre?

                 VI

He desordenado mi alacena

de sueños y daños sufridos,

y mis recuerdos y la escasa

verdad que custodian.

 

He agitado las estanterías

de mi escuálida memoria

para que caigan al vacío

deseos y fracasos,

y algunos éxitos perecederos.

 

He recogido los restos

que albergaba en mi interior

y he agitado mi alma

con las piezas escogidas.

 

Me he mirado en el espejo

y te he visto,

a ti, niño insomne,

desnudo, indefenso e incierto

como el reflejo

del mundo en el gélido vidrio

desde el que se nos permite admirar

la bella imperfección

                        de que existamos.

               VII

De la sombra provengo,

del lugar del silencio,

del temor al olvido antes de ser memoria,

de las raíces

sin suelo en que enraizarse,

del polvo, de la nada.

De la sombra provengo

y hacia la sombra me dirijo,

repletas las raídas alforjas

de las luces que para mí

-vosotros, ¿quién si no?-

fuisteis dejando en el camino.

                   VIII

El niño implora las respuestas

a las preguntas que esperaba

no formular jamás:

¿por qué tanto silencio entre los cuerpos?

¿por qué tan enterrada la inocencia?

¿por qué dar por perdida la batalla?

¿por qué la muerte de esos pájaros

que apenas pueden elevar su canto?

El silencio del hombre

ahonda aún más el abismo

que le separa de la infancia.

Y en lo más profundo de la noche

llora el hombre,

               y llora el niño.

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