FIN

El pasado jueves, como muchos sabréis, presenté mi primer poemario. Miradas de nadie fue acogido de forma calurosa por todos los asistentes, a los que no puedo más que agradecerles su presencia y su respetuosa escucha. Este libro cierra un ciclo en mi escritura, uno cargado de búsqueda y aprendizaje, un camino tan lleno de incertidumbres como de hallazgos. Ahora mi deseo es que comience otro. Ojalá así sea.

Sin embargo, este nuevo comienzo trae también consigo una noticia no tan alegre. Nuestro blog, La pupila de la palabra, cesará su actividad de forma indefinida. Ha sido ésta también, junto a mi madre, una experiencia muy enriquecedora y un proyecto ilusionante. Una de sus premisas ha sido siempre mantener un criterio de calidad que nos satisficiera. En este momento, y con la vista puesta en múltiples proyectos que espero compartir con el que así lo desee llegado el momento, no me veo capaz de cubrir esta exigencia autoimpuesta. No sé si se trata de una estación de parada o de una de llegada, pero espero que hayáis disfrutado, como nosotros, del viaje.

Por último, dejo aquí el enlace a la página web de la editorial sevillana Ediciones en Huida para quien desee hacerse con un ejemplar y acercarse a estas Miradas de nadie:

https://www.edicionesenhuida.es/producto/miradas-de-nadie/

Y os dejo a modo de despedida el poema Los versos que debía.

 

Los versos que debía

Cada palabra dicha
pesa como una promesa incumplida,
arde en el estómago
quemando mis entrañas,
me persigue
como una fiel sombra,
como te persiguen
los sueños que dejaste a medias,
los besos rezagados
y aquellos que sabes
haber perdido;
como se quedan clavadas
las miradas en los trenes,
las flores cortadas
que hoy te hacen sentir culpable,
aquel llanto ahogado
al que no acudiste,
los charcos apuñalados sin mirar
y los libros de los aeropuertos,
que apenas tienen dueño ni destino;
como te pesan
los pasillos sin final,
aquel motor partiendo
por una carretera infinita,

esas hojas caídas
frente a tu puerta,
esos calendarios que aún
se pudren en el rincón.

Déjalos morir.

Hoy sé
-o acaso sólo intuya-
que queda un poso de tristeza
en cada acto que
dejamos atrás,
en cada recuerdo que se levanta
como un muro
frente a lo perdido.
No son melancolía estas letras
por los placeres pasados
-ni por los que están por venir-,
son un homenaje a todo
rostro olvidado
por la fragilidad del tiempo,
son un guiño a todos
los que me hicieron sentir,
llorar,
vivir.

A los que están,
a los que estaréis,
a los que estuvisteis,

a aquel mar de silencio,
a aquel verso entre mis folios
que nunca escribí,

y que os debía.
A aquellas despedidas
que aún duelen,
a aquellos regresos
que aún nos aguardan.

 

©Jorgegutiérrezdiego

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