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Estrecha la noche

 el cerco de aquellos días

 felices,

 de aquellas espigas doradas

que al sol ardían,

de los atardeceres rojizos

en que los ojos, bañados

 en miel dulce,

 nunca se separaban

del mar deseado,

de la inmensidad incierta

que rodea el delirio,

de lo que no quiere,

no debe,

ser comprendido.

 

©Jorgegutiérrezdiego

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