En los centros comerciales, en las calles, en las universidades, en el metro, en todos lados se aglomeran, pensando siempre que su destino es ser iguales y que nadie es importante, como si de una colmena se tratase. Trabajando para el mismo fin, que desconocen, y los más jóvenes van de entrevista a entrevista de empleo, como si fueran polinizando cada uno de los puestos vacantes. En la tele y en los periódicos se quedan embobados viendo a la abeja reina, o a sus lacayos más cercanos, diciendo que no paren de producir, pues el invierno será largo. Es necesario acumular provisiones, aunque ellos no lo hagan, aunque ellos, tal vez, luego las roben. Malditas cucarachas. Hay algunos que siempre fueron más listos, o más viles y avaros, y lamentablemente también abundan entre los peones. Malos bichos, dicen algunos. Pero en la ciudad, llena de trampas y tramposos, siempre hay quien simplemente quiere revolotear tranquilo, sin hacer daño a nadie y sin participar en las insípidas y, a veces, cuestionables tareas y prácticas de la masa. Insectos inofensivos, que no pican. Porque, al fin y al cabo, de una calaña o de otra, todos somos insectos de ciudad, reinas y peones.

©Jorgegutiérrezdiego

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